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Imágenes © Mariangel Coghlan

Hay ocasiones en que la naturaleza, el arte y la belleza se fusionan de tal manera que se dificulta distinguir cuáles son los límites o alcances de cada uno; este es el caso del Museo de Young de los arquitectos suizos Herzog & de Meuron en  el Golden Gate Park de la ciudad de San Francisco, California.

El museo de Young, cubierto de cobre oxidado, embona como un elemento más del exuberante paisaje boscoso que lo rodea pero, al mismo tiempo, se levanta como un gigante monumento arquitectónico de excepcional dinamismo, innovación y belleza. Consta de tres pisos: el piso subterráneo destinado a exhibiciones especiales, un auditorio, un media room, y la planta baja de la tienda del museo que abarca hasta el siguiente piso y contiene excelentes colecciones de libros de arte. El segundo piso contiene otro auditorio; un exitoso café (siempre lleno); la entrada principal que muestra una obra titulada Drawn stone del británico Andy Goldsworthy –promotor de un movimiento artístico llamado Earthworks, caracterizado por relacionar inseparablemente el paisaje con la obra de arte–, que está inspirada en la topografía dinámica de California; y el lobby, compuesto de generosos espacios y rematado por un mural en blanco y negro de Gerhard Richeter –considerado el artista plástico vivo cuyas obras han alcanzado los costos más altos a nivel mundial–, que representa la estructura atómica de un compuesto químico llamado Strontium titanate; y salas con exposiciones permanentes del arte nativo de Norteamérica, arte de todo el continente americano y arte del siglo XX. En el tercer piso se encuentran salas destinadas a África, Nueva Guinea, Oceanía, textiles y arte del siglo XX norteamericano. 

Todo este edificio está coronado, en su esquina noreste, de una dramática torre de caras triangulares y 43 metros de altura que ofrece, desde su observatorio en el nivel nueve, hermosas vistas panorámicas de la bahía de San Francisco.

Caminar en un parque y, más aún, en un bosque, es siempre agradable. Pero caminar por un bosque cuyos senderos te llevan a un diseño de paisaje que rodea una extraordinaria propuesta arquitectónica, cuyos interiores están repletos de un excelente trabajo museográfico con obras de gran valor artístico, hace preguntar al visitante: ¿dónde terminó la naturaleza, donde comenzó el arte, podemos separar por completo estas expresiones auténticas de la belleza?

Escrito por Mariangel Coghlan

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