el edificio favorito de… Alberto Campo Baeza

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Me piden que escriba sobre mi edificio favorito para iniciar una sección en el prestigioso blog de Rubén García Rubio CAJÓN DE ARQUITECTO, al modo en que Ada Louise Huxtable lo hizo con varios arquitectos en 1961 para el New York Times.

Y aunque lo lógico hubiera sido escoger el Panteón de Roma por tantos, todos los motivos, prefiero traer aquí otra pieza menos conocida: la casa que Konstantin Melnikov hizo para sí mismo en Moscú en 1927, a la edad de 52 años, que desde hace muchos años es uno de mis edificios favoritos..

“Habiéndome convertido en mi propio jefe, le supliqué a la Arquitectura que se quitara de una vez su vestido de mármol, que se lavara el maquillaje y que se mostrara como ella misma es, desnuda, como una diosa, joven y grácil. Y como corresponde a la verdadera belleza, renunciara a ser agradable y complaciente”

Estas palabras de Melnikov son absolutamente claras. Tanto coincido con él en su voluntad decidida de encontrar esa belleza radical, que sus palabras presiden mi Estudio y mi pensamiento en Arquitectura. Las traduje hace ya años del libro de S.Frederick StarrMelnikov. Solo Architect in a mass Society”. El libro, editado por Princeton University Press, ahora sobre mi mesa, fue un regalo de Cino Zucchi, que me lo dedicó en 1983.

Y es que esta casa, pasados ya más de 85 años, y hecha con casi nada, lo es todo y está ya por encima del tiempo. Es un claro trasunto de la belleza en arquitectura.

El espacio del Estudio es único. Allí, usando las palabras del poeta, el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada. Tan hermoso es ese espacio. La luz sabiamente gobernada entra por unos huecos hexagonales uniformemente repartidos sobre una trama geométrica bien ordenada cuya forma procede de la sublimación de las ventanas hexagonales de las iglesias ortodoxas rusas.

Esta casa-estudio es un ejercicio espacial basada en el juego de la intersección de dos cilindros de cerca de diez metros de diámetro y con espacios de doble altura intersecándose en sección.

Y si los espacios dedicados a la casa son interesantes ¿la forma sigue a la función? Lo es más ese espacio divino del Estudio. La forma se escapa de la función. Además, la forma isótropa elegida es capaz de contener lo que sea.

Nada por aquí, nada por allá y ¡zas! El milagro de un espacio prodigioso.

Luz tachonada que a través del orden estricto y del tamaño justo de los 38 huecos abiertos en tres bandas en la gruesa pared de dos pies de ladrillo, marca el paso de la luz en movimiento, el paso del tiempo.

Gravedad vencida a través de una construcción sencilla, tradicional, de unos cilindros que resuelven de un solo gesto todos los problemas, también los constructivos.

Y si no es habitual el mostrar las imágenes de la construcción de las arquitecturas pretéritas, aquí se tiene una documentación completa y reveladora de la adecuación de la construcción. Demuestran a las claras como se puede resolver la arquitectura más avanzada con la construcción más sencilla. De cómo la Idea prevalece sobre la firmitas y sobre la utilitas, tras resolver ambas a la perfección. Y como al final siempre se llega a la venustas, a la belleza.

Y presidiendo el Estudio, cual si de un dios se tratara, el viejo Melnikov, sentado, sereno, tocado por la luz, como consciente de la capacidad de trascender de su obra.

Como el mismo Melnikov escribe en “La arquitectura de mi Vida”:

“A través de mi casa creo en la actividad creadora permanente que incesantemente nos ilumina con su Belleza”. Al final, siempre, la Belleza.

Texto e imagenes (seleccionadas) por Alberto Campo Baeza, 2014

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