el edificio favorito de…..javier lópez rivera

CajondeArquitecto_efd_javier lopez

Hace ya algunos días que Rubén me lanzó el boomerang para escribir una notas sobre mi edificio favorito. Ciertas cuestiones requieren reposo (entre ellas el oficio de arquitecto) y, quién sabe si movido por la duda o por el exceso de candidatos, dejé madurar esta labor pendiente durante algunas semanas.

La triste noticia del fallecimiento de Antonio Jiménez Torrecillas –amigo y miembro del tribunal que juzgó mi tesis-, ha precipitado los acontecimientos y, entre los pensamientos que rondaron mi cabeza ayer tarde mientras paseaba cabizbajo por el cementerio de Granada, surgió este pequeño homenaje hacia su persona y su obra. No es fácil superar las sabias palabras contenidas en la necrológica que Ricardo Hernández Soriano publicó ayer en el periódico Granada Hoy sobre la figura de Antonio en todas sus vertientes: humana, docente y profesional. Tampoco será sencillo hablar mejor del edificio seleccionado –Centro José Guerrero en Granada- de como lo hizo Alberto Campo Baeza en el Documentos de Arquitectura 61. Pero, por Antonio, habrá que intentarlo. Vamos allá.

Es Granada ciudad de paisajes, de miradores, de paseos y de honda tradición islámica. Todo eso –y más- está hábilmente contenido en el Centro José Guerrero. El edificio –y el fértil diálogo que plantea- comienza realmente en la calle Oficios, antes de atravesar el umbral de la puerta, y es más una secuencia, un recorrido ascendente que una sucesión de estancias. El arte y el paseo relajado caminan de la mano, manteniendo la tensión entre ambos hasta alcanzar la cima, donde aparece una intervención contemporánea en el más puro estilo de la tradición islámica, como sorpresa y emoción final al observar de cerca la mole de la Catedral, esa misma junto a la que habíamos caminado por la calle Oficios.

Allí arriba, divisando la ciudad y el paisaje construido, frente a la pieza histórica y en las distancias cortas, es donde la arquitectura se la juega de verdad. Y allí es donde Antonio nos dio su primera lección de aquello que Ricardo denominó con acierto “aportación contenida de lo contemporáneo”. Y, frente a los que seguían negando cualquier intervención contemporánea en espacios históricos, Antonio les tenía reservada para más tarde su lección magistral, de nombre Muralla Nazarí.

La intervención contiene todos lo que debe abarcar nuestro oficio: entendimiento de la estructura urbana, sabia lectura del contexto histórico y de sus claves, presencia poética de la estructura portante, habilidad constructiva, serenidad del continente frente al contenido expuesto y, como no, la guinda final que no puede faltar en un buen pastel.

Alvaro Siza –cuya relación con Granada viene de largo- dice que el paso del tiempo es una injusticia. Yo afirmo que lo será para las arquitecturas y personas mediocres, no así para mi edificio favorito que, sin duda y como los buenos vinos, mejora con el paso de los años. Kenneth Frampton se emocionó cuando Alberto Campo le llevó a visitar mi edificio favorito –Spectacular museum, escribió en el libro de firmas en 2003-, y el propio Alberto denominó con acierto el espacio del mirador como “un trozo de cielo en el cielo, de donde nunca querremos ya marcharnos”.

Y si ese cielo existe, querido Antonio, seguro que estarás muy a gusto desde ayer en él.

Texto e imagenes (seleccionadas) por Javier López Rivera (2015)

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